El jueves por la mañana aterrizamos en Bruselas, pues a la semana siguiente teníamos evento en el circuito de Spa-Francorchamps y a nivel logístico nos convenía más. Apenas recoger las maletas ya teníamos la mente puesta en un único destino: Nürburgring.
Con éste son ya casi diez años de viajes, miles de vueltas, cientos de participantes y una pasión que no ha hecho más que crecer con el tiempo.
Llegamos al hotel, dejamos las maletas y, fieles a nuestras tradiciones, pusimos rumbo a Adenau. Había antojo de jägerschnitzel, así que la primera parada gastronómica fue Pinocchio, uno de esos lugares que ya forman parte de la experiencia Nürburgring.
El viernes amanecimos con muchas ganas de circuito. Después de un desayuno contundente nos acercamos de espectadores a la curva de Brünnchen, aunque el ambiente previo a las 24 Horas de Nürburgring, que se celebraban al fin de semana siguiente, ya se hacía notar, y los accesos habituales estaban cerrados, por lo que cambiamos de plan y nos dirigimos a la curva de Sabine Schmitz para disfrutar del espectáculo.
Y qué espectáculo.
Porsche GT3 RS por todas partes, preparaciones espectaculares y un nivel en pista sencillamente impresionante.
Allí empezaron a llegar los participantes del evento. Primeros saludos, primeras conversaciones y esa mezcla de ilusión y nervios que siempre aparece antes de enfrentarse al Nordschleife.
A las 14:30 nos esperaban en RSR para recoger los coches que pilotaríamos durante todo el fin de semana: los rapidísimos VW Golf 8 R de 333 CV y los impresionantes VW Golf 8 REVO de 400 CV, aparatos muy muy serios con los que un conductor experimentado puede rodar sin problema a ritmo de los BMW M.
Pero antes tocaba una parada obligatoria en el restaurante Paddock. Comida tranquila, café y sobremesa. Había que cargar energía para lo que estaba por venir.
Ya en RSR, firmamos la documentación y Rafa, con su genuino acento andaluz, nos impartió el briefing de seguridad. Una charla fundamental para entender cómo funciona una sesión Touristenfahrten, donde compartimos pista con miles de conductores y vehículos de todo tipo: desde coches de estricta serie hasta auténticas máquinas de circuito.
Terminadas las explicaciones llegó el momento más esperado.
Los más valientes se subieron a los coches y afrontaron sus primeras vueltas al Nordschleife. A partir de ese momento, las sonrisas nerviosas antes de salir se transformaron rápidamente en carcajadas y adrenalina pura al finalizar la vuelta.
Porque Nürburgring tiene algo difícil de explicar. Intimida, impresiona y enamora a partes iguales.
Después de las primeras tandas nos reunimos en el mítico Pistenklause para cenar. Entre platos y brindis comenzaron a aparecer las primeras anécdotas del fin de semana: adelantamientos memorables, sustos controlados y esa sensación de satisfacción que solo entiende quien acaba de completar sus primeras vueltas al Ring.
El sábado arrancó temprano.
Cuando llegamos a RSR, los coches ya estaban preparados, revisados y con el motor en temperatura para volver a la pista. Solo quedaba ponerse el casco y disfrutar.
Con cada vuelta los participantes ganaban confianza. Las referencias aparecían donde antes solo había dudas. Las curvas empezaban a encajar y los ritmos aumentaban de forma natural.
A mediodía hicimos una pausa para comer en Devil's Diner, un auténtico templo para cualquier aficionado al motor situado junto a la entrada del circuito. Hamburguesas, conversaciones sobre trazadas y el constante desfile de coches entrando y saliendo del Ring.
La tarde continuó acumulando kilómetros y recuerdos hasta que a las 19:15 el circuito cerró sus puertas.
Nosotros, sin embargo, todavía no habíamos terminado el día. De vuelta a Pinocchio, la cena del sábado se convirtió en una sesión memorable de historias, risas y momentos que ya empezaban a convertirse en recuerdos.
Con prácticamente todas las vueltas ya completadas, el domingo nos permitió dormir un poco más.
Las primeras horas de la mañana son probablemente el mejor momento para rodar en Nürburgring. Menos tráfico, más espacio y unas condiciones ideales para disfrutar del trazado.
Aprovechamos para completar las vueltas pendientes y, como suele suceder, muchos participantes decidieron añadir algunas vueltas extra sobre la marcha.
Porque cuando tienes una mañana soleada, poco tráfico y las puertas del Nordschleife abiertas ante ti, resulta prácticamente imposible resistirse.
Y entonces llega el momento que nadie quiere que llegue. Se terminan las vueltas, se aparcan los coches y toca despedirse.
Pero Nürburgring nunca se resume en los kilómetros recorridos.
Lo que realmente nos llevamos a casa son las historias compartidas, los aprendizajes, las amistades que nacen durante el viaje y la ilusión de volver a encontrarnos en el siguiente evento.
Hoy, casi diez años después de nuestra primera visita seguimos sintiendo exactamente lo mismo cada vez que cruzamos las puertas del Ring.
Y sospechamos que eso nunca cambiará.
Nürburgring es El Circuito. Imarti Motorsport es la excusa perfecta para vivirlo junto a personas que comparten la misma pasión.
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